Per pura casualitat, hem trobat a internet [1] un testimoni impressionant sobre el funcionament de l’hospital d’avatguarda de Cabanes.
El Col·legi de Metges de Castelló, amb motiu del seu centenari, va publicar un butlletí especial, en el qual es feia un repàs històric dels hospitals de la província.. Per eixe motu, es publicar en aquell especial un escrit d’En Juan Guallar Segarra, metge col·legiat a Castelló, que narra aquell període concret.
Copiem aquí la referència que fa a l’hospital d’avantguarda de Cabanes
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“ La iniciación de la Guerra Civil encontró a Castellón sin otra instalación hospitalaria que el Hospital Provincial perteneciente a la Diputación Provincial, ya que algunos pequeños hospitales locales dependientes de edificaciones abandonadas por el Decreto de Expropiación de Bienes religiosos de Mendizabal, habían ido perdiendo su uso al paso de los años.
En la zona republicana, tras la anarquía de los primeros momentos se creó una buena red hospitalaria como consecuencia de haber sido nombrado Jefe de la Sanidad Militar el Dr. José Puche Alvarez, Catedrático de Fisiología General y de Fisiología Especial cursada en los dos primeros Cursos de la Carrera.
Se crearon Grupo de Hospitales Militares, entre ellos el 4º Grupo que comprendía las provincias de Valencia, Castellón y Teruel. Al frente de este grupo fue nombrado el Profesor Juan Peset Aleixandre Catedrático de Medicina Legal. Ambos pertenecían al Partido Socialista, y eran grandes amigos entre sí y reunidos por una buena amistad con el Dr. Juan Negrin López, quien era a la sazón Ministro de Hacienda desde mayo de 1937, y más adelante, en mayo de 1937 Jefe del Gobierno hasta el fin de la contienda.
Bajo esta dirección, y con ayuda inicial del Instituto Provincial de Higiene de Castellón se fueron creando en la provincia una serie de instalaciones hospitalarias, en locales preexistentes y con diversa dedicación. Siguiendo un orden en relación con la iniciación de sus actividades en los diversos sentidos se fueron creando los siguientes centros:
Centros de acción antituberculosa: Villa Dolores (Castellón).
Hospitales de Sangre para las Brigadas Internacionales:
– Hospital de El Prat (Lucena).
– Hospital de Almazora.
– Hospital de Las Villas.
Hospitales de Guerra especializados: Alquerías del Niño Perdido.
Hospitales de Guerra de Vanguardia: Hospital de Cabanes.
Hospital para convalecientes: Fuente en Segures (Benasal).
Hospital Mixto de Alcora
De este modo se fueron creando centros asistenciales con diversa dedicación, pero todos bajo el control del 4º grupo de Hospitales militares desde que se creó esta entidad a comienzos del año 1937, de la que sólo escapó el primeramente creado como centro de recogida de enfermos tuberculosos. (…)
El número de Hospitales de guerra puestos en marcha en la provincia para uso de soldados nacionales o para ambos, fueron dos: el Maxilo–facial de las Alquerías del Niño Perdido (Burriana) y el de Vanguardia de Cabanes (…)
El segundo Hospital de guerra instalado en la provincia de Castellón correspondió al Hospital de Vanguardia de Cabanes. La entrada de las tropas nacionales por la parte de Aragón límite con la provincia de Castellón, movió a la Jefatura del 4º Grupo de Hospitales Militares a instalar un Hospital más cercano al frente que actuara como Hospital de Vanguardia para orientar a los heridos antes de su llegada al Hospital Base.
Se instaló en el pueblo de Cabanes, en una escuela montada hacía un par de años, al lado de la carretera que cruza transversalmente el pueblo. Era edificación cuadrada alrededor de un patio central.
La fachada dirigida al Oeste tenía puerta en su mitad. En la parte izquierda quedaron instaladas las oficinas, (del Director y del Comisario) seguida del cuarto de curas y del quirófano. En la porción derecha quedó instalada la Farmacia y el almacén general de ropas y utensilios.
A la izquierda del patio se montó la Sala 1ª con unas 40 camas y un rincón para las curas de los alojados en la misma. Actuó como Médico de esta sala el Dr. José Crespo Leal. En el ala derecha se montó la 2ª sala bajo la dirección del Dr. Montes de Valencia.
Las camas eran estrechas y no tenían ni sillas ni mesillas a su lado, por lo que los heridos debían de dejar sus pertenencias bajo del lecho.
El lado Este del patio correspondía a lo que había sido capilla, y se habilitó con muchos colchones y paja en el suelo para albergar a heridos terminales que eran tratados con generosas dosis de morfina inyectada por un sanitario provisto de un frasco con boca esmerilada, quien pasaba por esta ala a inyectar a todo herido con dolor extremo. En su mitad hacia la calle contigua se abrió una puerta por la que los fallecidos eran conducidos a un camión pequeño que los depositaba en el cementerio, sin anotación ni ceremonia alguna.
Lo más extraño en este Hospital era la carencia de cocina y de comedores. Las comidas se preparaban en una posada situada detrás del Hospital, adonde iban a comer los heridos que podían andar. Los encamados eran suministrados en su misma cama por el personal secundario.
El Médico Director era un Comandante de Sanidad, persona en los límites de la jubilación vestido de un modo anacrónico, con cierto lujo y provisto de unas gafas de pinza, lo que tendía a darle un aire "demodé". Por otra parte su papel era mínimo, estando todo el centro bajo el mando y tutela del Comisario ayudado por el Administrador, quienes hacían y deshacían a su antojo.
La carencia de instalación de radiodiagnóstico se suplía con el envío de heridos con bala o metralla retenida al domicilio del Médico Titular del pueblo Dr. Enrique Casañ, donde con ayuda de una cinta métrica se medía el alejamiento del proyectil hasta ciertos relieves óseos, lo que ayudaban al cirujano en la localización de la metralla o bala durante la intervención.
La vida de este Hospital era cómoda y sencilla. Los heridos provenían en su mayoría de los combates que tenían lugar en Sierra Palomera en la línea Cati–Tirig, donde por la especial constitución de las cada bomba producía un sinnúmero de lachas cortantes que a través de las ropas llenaban la espalda del herido de pequeños cortes, sin llegar a lesionar hueso. Estos enfermos, una vez curados, eran alojados hasta que otro contingente de heridos obligaban a desplazarlos al Hospital Base.
Todo cambió cuando a comienzos de Mayo, con el frente detenido en el pueblo de Cuevas de Vinromá se presentó en una moto con sidecar un Capitán Comisario quien comunicó que el Hospital había quedado controlado por el XXII Cuerpo de Ejército, mandado por el Coronel Ibarrola. Al día siguiente llegó al Hospital el Cirujano Dr. Borras, con mucha y merecida fama en Valencia, con su ayudante, con lo que el Quirófano comenzó a actuar con mayor intensidad. Al tiempo llegaron a un aeródromo improvisado al oeste del "Pla de Arc" unos 90 aviones entre chatos, moscas y katiuskas, y se vio pasar hacia el frente un gran número de soldados y baterías del 10 y medio.
El día 16 de mayo se inició una ofensiva sobre Cuevas de Vinromá, con tres brigadas y una Internacional a través de la rambla.
El parte nacional decía: "En la mañana de hoy (16 Mayo) el enemigo atacó una de nuestras posiciones en el sector de Cuevas de Vinromá, siendo enérgicamente rechazado, causándole numerosas bajas y dejando en nuestro poder 268 muertos."
El ataque siguió durante dos días más, con lo que pasaron por el Hospital más de 1000 heridos, que eran catalogados en el Servicio de llegada en varios tipos:
Heridos para ser operados y quedar en el centro; heridos para ser operados y trasladados al Hospital Base (en ambulancia); heridos para ser curados en alguno de los tres centros de curas habilitados y quedar ingresados; heridos para ser curados y pasar a ser desplazados al Hospital Base en camiones o autobús; y heridos para ser llevados a la antigua capilla para esperar allí la muerte. Estos últimos eran heridos de abdomen con salida de vísceras, heridas de cuello con respiración mínima y enfisema subcutáneo; heridos de cabeza con propulsión de masa cerebral, etc.
El día 22 de Mayo se evacuó el Hospital de Cabanes ante el peligro de que el enemigo ocupase Puebla Tornesa, dejando como único camino para comunicar con Castellón la vieja y mal acondicionada carretera, que desde Cabanes conduce a la costa. La evacuación se hizo de modo acelerado, pues a media tarde apareció de nuevo el Capitán Comisario del XXII Cuerpo de Ejército para anunciar la necesidad de rápida evacuación, lo que obligó a dejar casi todo el material.
Una gran parte del personal facultativo, una vez llegado a Castellón, fue incorporado al Hospital de Lorca, donde quedó hasta el fin de la guerra, mientras un número pequeño quedó en Castellón en la Clínica Anexa y en el complejo hospitalario Internacional de "Las Villas de Benicàssim".
Loteria del niño